A pesar del teléfono, redes sociales, washap, etc., recibir una tarjeta de Navidad nos sigue encantando. Tal vez porque apreciamos ese breve espacio de tiempo que nos han dedicado; si, así somos..., nos gusta sentirnos especiales y queridos.
Cuando el destinatario de la tarjeta es un niño la alegría está asegurada, no he visto a ninguno que no de saltos al ver su nombre en el sobre. Para ellos, y algún que otro niño disfrazado de adulto, está dedicada esta postal navideña. |

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